Querido Pancho: Enterado de la merecida noche que van a ofrecerte a tantos kilómetros de tu Rosario natal quiero hacerte llegar mi mejor abrazo y compartir junto a tus amigos y al público que hoy te acompaña, la inmensa gratitud que siento hacia vos. Quiero y necesito evocarte a través de estas líneas para traerte nuevamente hasta aquí y decirte “Gracias”: un “Gracias” desde lo personal –ya que fuiste el primer famoso que en Rosario creyó en mí como cantor– y un “Gracias” desde lo colectivo, porque aquel movimiento cancionero que sentaría las bases de una sonoridad musical “rosarina” –Canto Popular Rosario–, no hubiera sido posible de no haber contado con tu apoyo y el de personajes, como por ejemplo el Chango Naón, que motivaron y alentaron la participación de tantos jóvenes en el mismo. Pero desde mucho tiempo antes, desde el día en que mi viejo me llevó a escuchar una actuación de Los Trovadores del Norte a comienzos de los años 60, te convertiste en mi primer gran ídolo… y además, ¡éramos vecinos!… Aún escucho tu voz deslumbrando al público en ese tiempo en el que en Rosario se multiplicaban los lugares para escuchar nuestra música, en los Centros tradicionalistas, los clubes, las peñas, las radios y los festivales, la Argentina cantaba, bailaba o recitaba con su propia voz.

Nunca olvidaré, querido Pancho, la significación que has tenido en aquella etapa de mi vida y el apoyo que me brindaste y que sería extenso referir cronológicamente. Solamente quiero que sepas que más allá de los tiempos y las distancias, somos muchos los que mantenemos viva la huella imborrable que has dejado como artista y como amigo.