Esperábamos el canto como el riojano que espera el agua en la montaña y así sucedió, como por “luz de real encanto”, salió un grupo a cantar que no tenía aún el aplauso masivo de la plaza…y con esas onomatopeyas y sobre un puente, al ritmo de rasguido doble la hicieron acordar a la chinita que en ese mismo puente la habían besado; fueron cinco sonidos en gargantas de un bello y original color y tesitura y nosotros, los que teníamos de la mano a la provinciana amiga, tiramos los ponchos para arriba comenzamos a gritar y nos quedaron en los oídos esas onomatopeyas: unbapumbapa unbapumbapa. la plaza estalló en aplausos…y otra y otra y no los dejaban ir y nosotros de la mano y ya abrazando a la bailarina y ya la envolvimos también en el poncho y volver a sentarse y seguir escuchando.

El joven de 17 años el que estaba aprendiendo todo se quedó loco de canto y fijensé Ustedes, después el tiempo supo llevarlo detrás de esas onomatopeyas y con Los Huanca Huá y siguiendo un canto “Andariego” , en los escenarios de este joven ( que no podía creer lo que la vida le daba) y así: como luz de real encanto, se le quedó y para siempre el original sonido de un grupo vocal que mi comprovinciano Chito Zeballos amaba; Los Trovadores del Norte y luego Los Trovadores y ese dulce y fuerte tenor que compartió música y sencillez de vida con una delegación se quedó para siempre en el recuerdo de quien escribe .

y así; como luz de real encanto, así como suceden las cosas en la música y en los cuentos, vaya mi mas tierna chaya en nombre de todos aquellos que vibramos con su canto don Francisco “Pancho” Romero.