Querido Romerito, la distancia no puede apagar nuestra amistad; por eso es este abrazo lleno de guitarras y de recuerdos. Te veo en el esplendor del subtrópico y me llena de alegría saber que estas palabras van a llegar a tus manos. Esta mi casa, también te pertenece y espero que un día no lejano pasemos momentos gratos junto a la música, la poesía y la pintura. Con nuevas canciones y el florecer de la amistad.